Friday, July 30, 2010

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Preguntale al Experto-Amor

El top ten de las posiciones sexuales

1 La mariposa. Recomendado para hombres que tienen un pene un poco más grande que el promedio. Esta posición da la ventaja de ver a tu mujer y ella a ti y disfrutarse plenamente. Debido a que la intensa penetración puede provocar diversos orgasmos. Con ella, la mujer logra moverse a plenitud y manejar su propio placer.

2 La cuchara. Podría parecer muy difícil, pero no lo es. Es una de las posturas más eróticas de todo el abanico de posturas sexuales. Les da a ambos la posibilidad de experimentar diversas sensaciones, sentir el cuerpo del otro y jugar al mismo tiempo. La cabeza ubicada en el pie del otro y viceversa es otra posibilidad para usar la lengua y la libertad de movimiento permite usar también las manos.

3 Perrito flojo. Es una derivación de la clásica postura "perrito", sin embargo ésta permite que la chica pueda casi recostarse mientras su compañero se encuentra detrás. Ésta es la perfecta pose para el sexo durante la mañana, aún somnolientos, o por la noche luego de un día ajetreado. No hay que hacer demasiados aspavientos y, sin embargo, el placer es total. Ésta la aman las mujeres debido a que es muy sensual y permite al hombre sentirse el macho del momento.

4 Platillo profundo. Ésta deberá practicarse en una mesa lo suficientemente alta y fuerte como para que ella no termine en el piso. La mujer deberá recostarse sobre la mesa y dejar la cadera fuera (como cuando van al ginecólogo. Ellas entenderán cuál es exactamente esta posición), las piernas arriba y él de frente. Ésta permite el control de él en absoluto, pero es por demás excitante pues permite una penetración intensa.

5 El misionero levantado. Es la más conocida, sin embargo ésta ofrece una variante: ella deberá levantar las caderas y flexionar las piernas. Él también tendrá el control total, pero la mujer puede moverse a merced de su propio placer y en busca de su orgasmo.

6 Arriba y adelante. Es ideal para parejas de altura similar. Puede parecer muy sencillo pero ¡pruébenlo! Es muy excitante, esta posición da la oportunidad de tener las manos libres, lengua y todas las extremidades para moverlas sin reparo, además de que permite que exista una excelente fricción en el clítoris. Seguramente, luego de esta posición derivará en otras de pie o en el suelo.

7 Jinete de lado. Es la posición de la clásica vaquerita que monta a su caballo, pero ésta vez de lado. ¿Lo han probado? Ofrece una buena vista y ella tiene la opción de sentir los brazos libres para apoyarse y manejar su ritmo. El hombre puede tocar el trasero de ella y estar a merced de sus movimientos mientras ella cabalga como nunca antes en su vida.

8  La estrellada. Puede proporcionar una penetración intensa, además de que le da a él el movimiento justo para darle placer a ella en toda la extensión de la palabra, debido a la presión que ejerza y la fuerza. Las piernas de ella en el aire o sobre tus hombros, son la posición ideal para la distribución del peso. Estarán también de cara a cara, decirse palabras o besarse y hacer el amor lentamente para terminar con un poco de sexo salvaje.

9 Vaquerita de reverso. Es la misma posición que la vaquerita de frente, pero en ésta ella dará la espalda a su compañero. Se dice que ésta es la preferida por las estrellas porno debido a que el rostro de la mujer siempre queda al frente y ofrece una linda imagen. A él le encantará sentir el trasero de su pareja sobre él y además le da la posibilidad de mirar y acariciar su espalda.

10 Perrito clásico. Los hombre saben que las mujeres aman esta posición, porque les gusta ser buenas chicas pero también sucias, sucias. Debería formar parte de todo repertorio sexual,  ya que es excitante para ambos. La penetración es intensa y el hombre puede tocar el clítoris o el pecho de ella.

La misma revista online también propone una posición por cada día del mes. Aquí el video que seguramente te dejará con ganas de más:

 

¡Vibradores para la histeria!

Corría el siglo XIX. La histeria (del francés "hystérie", y del griego "hystera", que significa útero) era considerada una enfermedad del útero. Por tanto era una enfermedad meramente femenina. De pronto, casi se convirtió en pandemia. Haga de cuenta, como ocurrió en México con la influenza. Primero uno, dos tapabocas en la calle. Después, 10 millones. Así con la histeria. Uno, dos grititos histéricos y después, millones de histéricas jalando sus cabellos por las calles.

¿Sería acaso que el crecimiento de esa "enfermedad", entre cuyos síntomas estaba el insomio, la retención de fluidos, el abdomen distentido, espasmos musculares, irritabilidad, pérdida de apetito, dolor de cabeza, enojo y uno que me encanta: "tendencia a causar problemas", se debió a que tenía como remedio al orgasmo y como principal proveedor de éste a un vibrador?

Sí. Imagine una receta con una escritura de médico indescifrable para usted, histérica: tres orgasmos al día, al inicio; después, uno cada 8 horas. Si siente dolor o histeria, aplíquelo cuantas veces sea necesario. Firma: Dr. Johnnie.

La histeria femenina algún tiempo se curó con orgasmos. Era el año de 1880 cuando se multiplicaron las histéricas en el mundo, cuyo remedio era ese agradecido masaje en el clítoris proporcionado por algún médico acomedido.

Los especialistas dieron cuenta de que el orgasmo tranquilizaba a las histéricas, que el estado de irritabilidad disminuía y que la lubricación bajaba el nivel de ansiedad. No había paciente que no saliera de aquellos consultorios, con las enaguas y la crinolina arrugadas, y su mejor sonrisa, imagino yo. Envidia de aquellas.

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Ese fue uno de los primeros usos de los vibradores y consoladores usados por las mujeres para "aplacar su mal". Como toda enfermedad, las pacientes asistían con frecuencia a recibir su tratamiento, hasta que aquello se volvió incontrolable, se convirtió en pandemia, e incluso algunos comercios como Sears, Roebuck and Co. comenzaron a vender esos aparatos para la autocuración con modelos y tamaños distintos. Un aparato ultramoderno que llegó incluso antes que la plancha eléctrica misma. Imagine usted. Antes que quitar las arrugas es más importante siempre la felicidad.

 

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Hoy, por supuesto, no se cree que la histeria proviene de esta parte del cuerpo ni tampoco que es exclusiva de las mujeres. He conocido a tantos hombres histéricos en mi vida que no creo que ningún masaje en ninguna parte del cuerpo pueda quitarles su mal. En fin.

Después los vibradores salieron de los aparadores y cedieron su lugar a las planchas eléctricas porque algún avispado encontró que aquellos aparatos de masaje placentero podían tener, ¡oh oh!, connotaciones sexuales.

Así, se escondieron en las sex shop en donde siguen hasta hoy en todos sus modelos y tamaños para las partes nobles del cuerpo femenino o masculino con o sin histeria

Hoy se han convertido en los favoritos de todos los juguetes sexuales. Al menos de los míos sí. Algunas se atreverán a usarlos solas o acompañadas. Pero estoy segura, podría jurar, que la gran mayoría no. Todavía hay un tabú gigantesco que nos rodea a las mujeres en un cerco que nos hemos puesto nosotras mismas.

Muchas tendrán miedo de ir solas a una sex shop y escoger o preguntar siquiera por el modelo de su preferencia o irán con su pareja y reirán con los modelos que allí encuentren o las fotos que miren en los empaques, sin comprar nada al final.

Creo que si las mujeres del siglo XIX se atrevían a comprar estos aparatos y a fingir en muchos casos una supuesta enfermedad para hacer uso de ellos, ¿por qué ahora tememos hacer lo que nuestras congéneres hicieron años atrás? ¿Qué de malo tiene la vibración hoy en día? ¿Por qué de pronto se volvió pecaminosa?

Yo misma dudé la primera vez que usé el primero hace ya muchos ayeres: "cómo se usa esto", "dónde se prende", "hacia dónde da vueltas", "ay, Dios mío".

Hoy tengo una colección de ellos. Me gustan sus formas, sus colores, sus vibraciones, sus tamaños, sus texturas. Y también, como la mujer frívola que todas llevamos dentro, he sucumbido a las modas de estos como cuando la serie Sex and the city hizo que se agotara el modelo "Rabbit".

Yo tengo mi conejo morado, con bolas color plata. Incluso sucumbí también al comprar el pequeño vibrador de moda para clítoris con forma de pato. No tuve patos ni en mi bañera de niña. Y ahora,  aunque me parece un poco ñoño me encanta tenerlo en mis cosas de ducha, por si de pronto un día estoy histérica y se llega a ofrecer. No quiero que mis pobres compañeros de trabajo paguen las consecuencias de mi mal humor si un día no tengo sexo.

Y casi que puedo decir, como consejo de compra, que las mujeres elijan su vibrador como escogen zapatos o una blusa linda. Así, de primera vista, tocando, imaginándose en ellos. Y así seguir hasta que la colección sea casi interminable. Para jugar, para divertirse, para recrearse, para quitarse la histeria, para usarse entre dos, para una penetración doble, para saber qué te hace estallar y qué te mata de aburrimiento. Para jugarse entre lesbianas. Para excitar a tu chico como espectador mientras te tocas, te humedeces y gimes de placer con una cosa de plástico en la mano. Para tener un momento de extrema humedad en noches calurosas si no hay hombre o mujer entre tus sábanas.

También debo decir que un dildo o vibrador nunca sustituirá a pene ni sexo alguno. Es simplemente un aditamento. De los mejores que la histeria tuvo a bien inventar.

Por eso en este post abogo por el día en que en una tienda departamental pueda poner en el carrito de compras un vibrador, junto con una plancha eléctrica, la comida para mi gato, el jabón para lavar, frutas y verduras y un bote de crema chantilly. A ver si así algún día alcanzamos la modernidad del siglo XIX. Dios mediante.

   

Masturbarse: ¿Placer culposo?

La película era un thriller, repleto de terror sicológico, balazos, sangre y policías. Pero ahí estaba, en medio del terror y casi de la nada, un orgasmo provocado por la masturbación de una chica muy linda en su ducha. Nada explícito, sin embargo, la sala de cine enmudeció en esa escena que nadie esperaba. Algunos suspiros por allá, un resoplo más acá, un movimiento de butacas muy cerca de mí.

Mi amiga Sofía me acompañaba a ver esa película presentada durante el tour de cine francés. A ambas nos llenó de pecaminosos recuerdos la escena. Y ésta, aunque bastante cliché (con el vapor en la puerta de cristal, una mano bajando por ésta y la otra en la vagina), me erotizó. Me dieron ganas, incluso, de romper de tajo la cortina de plástico que tengo en el baño y colocar una puerta transparente en mi ducha sólo para hacer yo misma una escena como esa.

No fui la única, por supuesto, que se sintió húmeda en medio de la oscuridad. Y debo intuir que fueron más mujeres que hombres los que sintieron ese mismo cosquilleo.

Quizá se debe a que a las mujeres nos encanta masturbarnos, tocar nuestros rincones y humedecernos nosotras mismas. A mí me encanta. Pero sé también que a muchas no les apetece, nunca lo han intentado o se han sentido "sucias" cuando lo hacen.

Espero que cada vez sean menos las chicas que no se atrevan a cruzar el límite de su propio erotismo.  Yo, empecé a masturbarme, casi como todas: con culpa y placer. Así hasta que casi fue imposible dejar de hacerlo. No vayan a creer que se trata de un hábito diario. Tampoco. Pero sí es un acto recurrente que me ha dado sensaciones distintas (muchas de las cuales no tengo con alguien, por ejemplo) y otras que me han hecho conocer mis reacciones, la forma en que viene un orgasmo y saber qué definitivamente funciona conmigo y qué no.

Así, hasta que he sumado algunos años de práctica. Me he hecho conocedora de mí misma, de cada protuberancia, del tamaño de mi clítoris, de las curvaturas de mi vulva, del tamaño de mis labios, la sensación distinta de tocarme cuando estoy totalmente depilada y cuando no lo estoy. Cuando estoy húmeda y cuando no estoy para nada excitada, y no hay forma de que algo suceda.

Ahora lo hago con ayuda de mis manos, de mis dedos, de mis juguetes sexuales, de mis dildos, de la mano de alguien más, a solas, frente a alguien, mirando una película. Cada una de estas formas tiene sus propios encantos. Y al final, creo que todo se resume a una misma forma de conocerse para, luego, enseñar a otros a que te conozcan.

No hay forma tampoco de saber dónde está nuestro clítoris y el punto G, así como la forma de estimularlos, y esperar que un hombre lo sepa, si nosotras mismas no lo sabemos.

Siempre he pensado que la mejor manera para eso es comenzar por una misma. Hoy, aunque puedo decir que tengo muchas reacciones reconocidas en mí, siempre encuentro muchas otras distintas: cuando estoy demasiado estresada o preocupada por algo simplemente no hay forma de que el orgasmo llegue por mí misma (que no ocurre igual cuando estoy con alguien), cuando recién acabo de ver un video erótico siempre, pero siempre puedo llegar fácilmente a él.

Tampoco es algo que nosotras hablemos. A veces, ni con nosotras mismas. La culpa y el placer, como siempre. Pero pienso que podría ser bueno que comenzáramos a revelar historias de cómo tocarnos más y mejor. Sin culpas, como una práctica sana que ayudará posteriormente a nuestra relación sexual y que, lo mejor de todo, hará que nos reconozcamos en medio de nuestra propia marea de  placer. ¿Placer o culpa? ¿Cuál prefieren ustedes?

   

¿Qué cómo fue mi primera vez?

Qué cómo fue mi primera vez? Espeluznante, horrible, sin chiste, equis, totalmente olvidable, como todas las primeras veces de todo el mundo ¿no?  Bueno, habrá experiencias de envidia, sí, y habrá algunos que en este momento estén pensando: "Pues eso te pasó a ti, Nina, porque lo que es a mí, yo tuve un sexo extraordinario, inolvidable, de película".

Suertudotes. Pero ¿saben qué?... No les creo nada. Creo que es ésa una constante de todas las primeras veces: todas son horribles, dignas de no ser recordadas nunca jamás. Habrá, claro, quien habrá tenido sexo de maravilla, pero lo que es yo, no. Y hasta el momento tampoco he conocido a nadie que me cuente de un coito sensacional en aquella, su primera vez. Quizá suene tierno, melancólico o hasta ingenuo, pero nunca será el mejor que tuvieron en sus vidas.

Que si sangré, sí. Que si hubo dolor, nada. Y eso que aquel chico de la primera vez (unos 10 años mayor que yo) tenía dotes bastante dignas y, vale decir, bastante grandes. Pero mi cuerpo reaccionó apenas con una pequeña mancha de sangre sobre la pantaleta, no en ese momento, sino al día siguiente. Y nada más.

Recuerdo la mía: tanta expectativa, tanto tiempo, tanta pregunta para que, al final... ¿Esto es todo? Pues sí, eso era sencilla y absolutamente todo. ¿Qué si hubo orgasmo? Por supuesto que no. ¿Que si hubo eyaculación de mi parte? O sea, ¿qué es eso? A esa edad y con esa nula experiencia yo apenas sabía lo que significaba no la acción sino la palabra orgasmo, algo de lo que había escuchado hablar algunas cuatro veces y leído de manera poética en mucha literatura erótica. Pero nada más. ¿Qué si lo disfruté? No sé si a eso que sentí pueda llamarle placer. Digamos que tuve, una buena impresión.

Sobre la eyaculación, ni por error se me habría ocurrido que a las mujeres les sucediera. Con mi ignorancia sexual de aquel tiempo, habría dicho "eso es cosa de hombres" "¡Cómo se te ocurre, Nina! ¡Es un invento salido de tu cabeza!" También debo confesar que no le hubiera creído a aquel que osara decirme: algún día mojarás sábanas, grandes y blancas, con tu líquido eyaculatorio luego de tener uno, dos o más de cuatro orgasmos. Me habría burlado de mí misma.

Hoy me siento afortunada. Porque sé que no eyacula la mujer que no puede, sino la que no quiere; no es multiorgásmica la mujer que físicamente no lo siente, sino la que no trabaja por ello. Y si algo puedo decir, es que Nina ha trabajado arduamente en eso, es decir en su placer, desde aquella primera y lejana vez.

Puedo decir que sí, mi vida sexual ha sido diferente en mucho a la del resto, y ojo, no digo mejor ni peor, simplemente distinta, pero esa diferencia tan erótica, sensual, tan llena de historias que pueden parecer increíbles me encanta. Me encanta que no me crean. Me encanta tener cada día historias diversas para contar. Me encanta vivir cosas, tener gente  a mi lado y vivir situaciones realmente eróticas que podrían parecer salidas de la fantasía.

Pero bueno, volviendo a mi primera vez. Yo en aquel entonces imaginaba que el orgasmo era un suceso que ocurría en una especie de trance y de suerte que te arrobaba y te sacudía para dejarte inmersa en una profunda melancolía. Algo, como cuando subes a la montaña rusa: lo vives, lo sientes, pero es tan rápido que te has dado cuenta de que pasó cuando ya ha pasado. Pero ¿cómo se llegaba a eso? Ni idea. ¿Qué sigue después de un orgasmo? ¿Acaso hay vida después del orgasmo? No le pregunten a la Nina de aquella época.

Aquella vez, el fulanito en cuestión ni por enterado estaba de que se trataba de mi primera vez. No, no era para mí un asunto de orgullo decirlo. Tampoco quería demostrarle nada ni quería que fuera un trofeo para él. Quería saber su reacción normal, natural ante una relación sexual cualquiera. No quería tener concesiones ni privilegios. Quería saber cómo él tenía sexo con las mujeres experimentadas. Quizá entonces, él debió pensar, debido a mi inexperiencia (ojo: nunca dije torpeza. Digamos que siempre he aprendido demasiado rápido), que yo era bastante ordinaria en el sexo. Eso es lo que creo, que pegó más en mi ego. Por eso, tiempo después, en algún momento tuve que decirlo. Hoy, por supuesto, ningún hombre lo diría de mí. Ninguno. Y más les vale no decirlo.

A él, simplemente no quise decirle y ya. Quería que me tomara como una mujer experimentada. Si es que alguien puede ser experimentado a los 18 años, a una edad, diría yo, demasiado adulta para la vida sexual precoz de "los chicos de ahora" (me acabo de sentir vieja luego de escribir esta frase).

Quería ser experimentada viviendo en carne propia lo que hasta entonces había leído en mis libros de erotismo. Y tenía todo para comenzar mi vida sexual: pesaba 50 kilos, mis formas eran estrechas pero con curvas, mis piernas largas y delgadas como siempre, una cintura breve y mis senos grandes, muy grandes, y desproporcionados casi en relación a mi cuerpo entero; mis labios vaginales estaban totalmente cerrados, mi pubis apenas tenía vello y, sobre todo, tenía lo más importante: el deseo que entonces ya me desbordaba en la piel. Yo ya veía erotismo en todos lados.

Ese día fue una madrugada en un sitio bastante sui géneris. En un teatro. Sí, como lo leen. Y hoy que casi nadie cree estas historias, puedo darme cuenta de que sí, son bastante atípicas. Pero puedo decirlo, es verdad. Me gusta vivir cosas fuera de todo orden. Y si se trata de sexo mucho más. Pero mi vida siempre ha sido así y me encanta.

Él, actor; yo, aprendiz de actuación. Y así, luego de algún estreno cuya obra no recuerdo, con las copas de más del coctel, y después de que todos se fueron, sucedió. Así, en la cabina oscura de luces y sonido de un teatro pequeño. Sobre el sillón de la cabina, con la música a tope, el teatro vacío y a oscuras. En un inicio he dicho que se trataba de una experiencia olvidable, pero hoy que escribo estas líneas recuerdo cada uno de los detalles.

Recuerdo haberme humedecido rápidamente y sentarme sobre él. Mi primera vez no fue en posición de misionero. Fue sentada sobre él mientras seguía mi instinto y me columpiaba hacia él y hacia abajo. Él estaba bastante excitado. Sudaba y me tomaba de la espalda y apretaba mi piel para moverme de un lado a otro, a sus anchas. Yo, experimenté por primera vez el calor de mi vagina, mi clítoris me producía sensaciones extrañas, en un vaivén nunca doloroso. Todavía no hacía ruidos con mi garganta y mi sexo entonces era bastante silencioso. Él exclamaba y susurraba cosas a mi oído, tocaba mis senos que le encantaban y creo que le encantaba tenerme así, sobre él, dispuesta sólo para él.

Aquella primera vez fue la primera vez de todo... y con todo me refiero a todo lo que en una relación sexual puede hacerse. Yo, con mi cuerpo estrecho, y él bastante grande... hizo conmigo verdaderas acrobacias artísticas, dignas de todo un malabar teatral. De pronto, luego de muchos juegos y con mi vagina humedecida y roja, totalmente abierta, su semen me inundó, caliente, por dentro. Su semen, una lluvia láctea y cálida que mi vagina abrazaba por primera vez.

Claro, después de eso, aunque no era un tipo al que yo quisiera ni me intrigara demasiado, me enamoré como suelen enamorarse las adolescentes. Mi inicio en el tema sexual con él fue distinto pero las relaciones que con él siguieron también: en el baño del teatro, entre las cortinas de la escenografía, en las galerías, sobre las tarimas del escenario cuando no había nadie, y una y otra vez en la pequeña cabina oscura desde donde él manejaba las luces y el sonido, y daba señales a otros compañeros actores.

Yo también he quitado la virginidad. Sólo una vez. A mi "llaverito", de quien les hablé la vez anterior. Argentino él, muy joven, muy enamorado, muy psicópata y muy inexperto.

Hoy, mientras escribo estas líneas tengo ganas de sexo. Y se me antoja que sea como aquella primera vez. Lenta y lánguidamente. De una madrugada con su mañana entera. Con esa sensación de vacío al día siguiente, con una mirada diferente en mi rostro y unas caderas que toman otra forma luego de haber arrullado y dado cabida al primer pene que conocería y abrazaría en su vida. Me encantaría tener hoy las ojeras que me delataron entonces y que me delatan siempre, luego de un encuentro sexual intenso.

Y habrá experiencias de todo tipo. Ya me contarán ustedes y me encantará escucharlas. Compartir estas primeras veces entre todos: esa primera vez que de tan horrible todos la guardamos en el cajón más lejano de la memoria, pero que, a pesar de todo, siempre está allí, acechándonos, latente, para saltar con sus recuerdos a la primera provocación. Por eso, ahora, pensándolo bien, mi primera vez, ésa del teatro, no estuvo tan mal. Nada mal. Nada mal.

   

Sex shops: juegos para adultos

Penes por aquí y por allá. De todos los tamaños y texturas posibles: rosas, amarillos, verdes, negros, azules, dorados (sí, dorados), fosforescentes, que brillan en la noche, que se mueven, que están más tiesos que un trozo de madera, que "se sienten como piel de verdad".

Penes transparentes, de algo que se parece al cristal, pero la señorita de la tienda me corrige rápidamente: "No, no es cristal, es metacrilato". ¿Meta qué? Me río. Bueno, vaya nombrecito. Se me antoja comprarlo solamente para decir: a ver mijo pásame el metacrilato.

Penes con forma de oruga,  de conejo, con sabor de chocolate y sin sabor. Penes dobles, para que uno mismo se dé placer en un mismo movimiento con una misma cosa en el mismo lugar. Macarrones en forma de pene (una buena forma de acercarse a la cocina), en gomas de dulce, en charolas para hacer cubitos de hielo (imagine usted su vaso agua con algunos "penesitos" flotando). Fiu. Tantos penes.

Como niña en dulcería. Uno ya no sabe cómo ni en dónde meter tanto juguete de miembro masculino. Me falta espacio, diría yo. Podría empacharme con tanto pene. Y es que se ven tan lindos, todos allí, en su caja de plástico, brillantes, relucientes, listos para ser usados.

Pero claro, eso no es todo, también hay vaginas, bolas chinas, muñecas inflables (con caras un poquito inexpresivas), artículos para bondage y para sadomasoquismo light, arneses, juguetes anales para ellas y ellos, alargadores para pene, condones, lencería, aceites de masaje, cremas caliente-frío, videos...

No hay que explicar demasiado: Nina está en una sex shop. Y debo decir que hay cosas que me encantan y otras que me desagradan de estas tiendas. Algo que me molesta de estas modernas galerías del sexo ahora es que tengan demasiada iluminación y música digna de un rave, en un domingo a las 7 de la mañana. Digo, tampoco espero que escuchen a Liszt todo el tiempo pero bueno, que hay que tener buen gusto hasta en el oído musical.

Estas son las nuevas, las de hoy (vuelvo a sentirme vieja) donde a uno le ofrecen probar el pene del mes o la oferta de la semana. "Mira, tócalo, tiene una sensibilidad casi real", me dice la señorita (¿quién tiene la sensibilidad, el pene o yo? ¿O sea cómo? ¿Este pene siente? ¡Dios, qué modernidad!).

Me choca su decoración en muchas de ellas: ¿Rosa? ¿Con lucecitas? Yo, y léase, yo, yo, preferiría las cortinas de terciopelo rojas que había antes en este tipo de tiendas, que eran oscuras (de las que todavía sobreviven muchas) y sobre todo, estas pequeñitas, algunas sin siquiera tener un nombre.

Tal vez porque visitar una sex shop antes era algo clandestino, oscuro, feo y quizá hasta de baja moral. Hoy, y ésa es una cosa que me gusta de ellas: vas a una sex shop como si fueras a una tienda de cosas para casa: compras lo que no necesitas porque se ve bonito, lindo, porque quieres probar.

Hoy, me parece que para la mayoría de la gente es algo natural, sobre todo para las nuevas generaciones.  Aunque, claro, esto no siempre aplica para todos los casos. Es como la historia de mi amigo César: en septiembre cumplió 50 años, y unos meses antes por primera vez visitó una sex shop.

"Sentí que todos tenían la mirada puesta en mi. No sabía hacia dónde voltear, qué comprar, para qué sirven cada artefacto. Casi ignorante". Se animó porque su amante se lo pidió y además le pareció "interesante, algo inédito" en su vida. ¡Uff, pero a los cincueta años! ¿Por qué no lo hizo antes? "Creo que me parecían grotescas y pensaba que era para personas que no podían excitarse fácilmente con sus parejas".

Pero en general, la gente hoy se siente más desinhibida para entrar y probar, para comprar o curiosear aunque nunca compre nada de eso en su vida. Y me da gusto que hoy intenten llegar a un nuevo público joven y, sobre todo, al femenino. Antes los consumidores oficiales eran los hombres. Hoy, son muchas mujeres, solas o acompañadas, heterosexuales o lesbianas, que van y hacen su mandado sexual.

Hoy he podido ver a jóvenes, señoras solas o acompañadas, lesbianas, hombres de traje, punks, sadomasoquistas y gays conviviendo en un mismo espacio, optando por su mejor elección. ¡La democracia pura! Sin embargo, para aquellos que hoy no quieran pasar por una, también hay muchas que han incorporado la venta a distancia: usted ve su página de internet, escoge el juguete que se le antoja, llama, lo pide, se lo llevan a su casa, paga. Media hora o gratis.

Otra cosa que me encanta de las sex shop son los nombres que tienen los artefactos que allí se encuentran, por ejemplo (imagina lo que sea): "Bi-llo carnoso", "Gran huevo vibrador", "Kit masturbación trío", "Mariposa vibradora", "Bandito", "Kit Lo que quieres", "Intruso íntimo", "Senso pocket", "Lelo", "Fun factory", "Kit del amor", "I rub my fishie" y "Oh, mybod", entre un millón más.

Está también el "clone-a-willy kit" que te proporciona una especie de amasijo para crear tu propio molde de pene y tener luego un  juguete con el tamaño y forma real del pene de tu hombre. Y éste sí es bastante caro, pero bueno, una podría tener una colección de todos los penes (en plástico, claro) que han pasado por nuestra vida. Sería lindo. Una buena galería.

Al final, la invitación es para ir, conocer y explorar una sex shop. Para divertirse, para divertir a otros. Si nunca ha ido, no está de más. Es mejor llegar al sexo a través del juego que desde la solemnidad. Creo que son nuestras tiendas de juguetes actuales. Autoregálese placer. Compre artilugios para el erotismo. Cuéntenos también cómo han sido sus experiencias en las sex shops, estas tiendas del sexo para todos.

Consejos para ir a una sex shop

Lleva en mente lo que quieres y para qué, pero de todas maneras, lo más seguro es que salgas comprando otra cosa.

No compres juguetes con PVC (éste material es tóxico y más si se usa en partes íntimas).

Lee las etiquetas (sí, los mexicanos no somos lectores de etiquetas, pero investiga de qué material está hecho eso que usará).

Todos los juguetes deben ser lavables, pero prefiere los que también pueden ser usados bajo el agua.

Una vez que compres un juguete, lávalo antes y después de usar.

No uses un mismo juguete con muchas parejas.

Si lo haces, usa condón con estos también, aunque los laves.

   

Diez consejos sexuales

Mi amigo Luis me ha llamado para regañarme luego de haberlo "balconeado" en mi post del miércoles. Dice que su súper secreta vida sexual ya quedó convertida en añicos gracias a mí. ¿No puedes hablar de alguien que no sea yo? No, le contesto. No por ahora, eres mi amigo y seguiré escribiendo de ti si es necesario. Me conoce a la perfección, sabe que no puede hacer nada ante mi necedad y a pesar de eso me quiere con esa complicidad que siempre ocurre en la amistad verdadera entre un hombre y una mujer.

Ahora tiene miedo de que su harem de mujeres decida dejarlo al enterarse de la cruda y triste realidad de su corazón multifamiliar. Bueno, si eso pasa ya te conseguirás otras, le dije. ¿Crees que es tan fácil? Por supuesto. Siempre hay un roto para un descosido.

Así, llegamos a la profunda plática de las estrategias para decirle a sus tantas mujeres que el Luis de mi blog no es el que ellas piensan, y que esta Nina no es la que ellas conocen sino un panzón, calvo y feo como efectivamente creen algunos avispados lectores.

¿Te imaginas cómo sería yo en hombre, gordo, calvo, feo y caliente?  ¡Qué horror! Luego de reír interminablemente, al final un tema nos llevó al otro y, como siempre, y quién sabe por qué, terminamos hablando de sexo. ¿Cuáles serían tus mejores consejos sexuales? ¿Qué?, le pregunto.

Bueno, no sé, me gustaría saberlos, dice. No los necesitas, imagino que cuatro mujeres no estarán contigo por tu linda carita, le respondo. Al final, y luego de colgar el teléfono, su cuestionamiento me puso a pensar en esa clasificación y hoy apelando a su pregunta, se los paso al costo. A ver qué les parecen. Pueden agregar el suyo, en materia de sexo todo y nada se ha dicho.

1.Tomar la iniciativa. creo que éste puede aplicar más a las mujeres. A los varones se les ha concedido la terrible responsabilidad de comenzar el juego sexual en la mayoría de las veces. Por suerte, eso sucede cada vez menos, pero sí, sucede. Mi amigo Luis, sí, el de las cuatro mujeres me ha dicho que está harto de que ellas, con deseo de sexo, no tomen la iniciativa o puedan incluso no tener relación sexual, por más deseosas que se encuentren, si él, EL hombre, no toma la iniciativa.

Y es que ellos a veces estarán en otro canal, estarán cansados o sí, ya lo sabemos todas, no son muy avispados para captar las señales "subliminales" que a veces lanzamos las mujeres. Bueno, cuando de sexo se trata no hay que ser subliminal, ¡hay que salir al ataque! Así que consejos para ellas: sean más atrevidas, tomen lo que es suyo cuando les plazca en el momento que sea, utilicen sus poderosas armas sensuales para salir al ataque y sean las primeras en decir "quiero".

A ellos, bueno, no está de más inventar nuevas estrategias para proponer un rato de sexo (dejarle a ella mensajes en el celular de lo que ocurrirá a su llegada a casa, tomarla desprevenida en la ducha de mañana antes de ir a trabajar, en el auto antes de llegar a una fiesta de amigos o en la madrugada cuando está todavía dormida y despertarla con una buena sesión sexual para luego dormir plácidamente otra vez, créanme, puede funcionar).

2. Mejora tu sexo oral. hemos leído y escuchado tanto sobre el tema y a la hora de la hora somos todavía tan ignorantes en ello que nunca está de más volverlo a mencionar, a no olvidar, a tomar en cuenta. Y sí, lo repito nuevamente, mejora tu sexo oral. Dicen que la práctica hace al maestro: bueno ¡imagina si practicas todos los días! Con cada pareja será, obviamente, algo distinto, pero de cualquier manera las herramientas que uno tenga se las lleva a cualquier parte y con quien sea. Mi amiga Blanca dice que hay cinco "S" para el oral: sé limpio, sé cuidadoso, sé rítmico, sé observador de sus sensaciones (siente el placer del otro u otra), sé sucio. Y yo, la verdad es que siempre sigo sus sabios consejos. A ambas nos ha funcionado muy bien. Claro, ustedes pueden poner cuantas "S" se les antojen.

3. Sé salvaje. Por un día, por unas horas o sólo por una relación sexual podrá ser una de las mejores experiencias en su vida, si es que no lo han practicado. A mí me encanta ser salvaje siempre, siempre. Por más dulce y suave que quiera ser en un inicio, mi lado pasional siempre me lleva hacia el lado más sucio, salvaje y caliente del sexo. Me encanta. Pero sé que esto depende de la personalidad, de los gustos, de los prejuicios, de la historia de cada uno. A mí me gustan las aventuras, odio la monotonía, me encanta vivir historias diferentes. Habrá a quien no. Pero un breve consejo de viernes es: atrévanse y esto aplica para hombres y mujeres (¡conozco a tantos hombres tan faltos de salvajismo en la cama!). Liberen sus fantasías, déjense llevar, aprendan de otros, pregunten a su pareja qué le parece salvaje y qué no, saber qué les excita más y entonces comenzar a explorar en el "wild side". Y eso es tan subjetivo: lo que puede ser salvaje para mí no lo puede ser para alguien más o algo salvaje para alguien a mí me puede resultar aburridísimo. Por eso, esa definición la pondrá la propia pareja y cada una decidirá experimentar con sus propios juegos. Pequeño consejo para ellos: luego de nuestros días de menstruación (incluso, a muchas les sucede durante), sobre todo los primeros cinco días luego de que termina, las mujeres estamos especialmente susceptibles y somos particularmente salvajes. Chicos, prueben a hacer algo salvaje esos días, a ambos les encantará.

4. El orgasmo es de quien lo trabaja. Igual que como con el sexo oral, la práctica nos hace mejores. Para encontrar, alcanzar, perseguir o disfrutar del orgasmo también hay que tener una técnica y ponerla en marcha. Sobre todo cuando del femenino se trata. Aquí también se trata de saber con qué pareja estamos porque ya se sabe, cada cuerpo es un mundo entero por descubrir. A mí me ha funcionado determinar qué y como le gusta a él lo que yo hago justo en ese momento.

También me ha funcionado saber masturbarme bien para hacerlo a solas, saber qué me gusta y en donde, y también para hacerlo frente a él. Lo mismo sucede con él. Lo que algo para alguien le resultaba tremendamente excitante para otro no le puede hacer ni cosquillas. Y no se trata de rebobinar sino aplicar el aprendizaje obtenido de diversas maneras. Por ejemplo, si sé que a él le enloquecen ciertos movimientos míos, dejo eso hasta el final o cuando está realmente muy excitado. Digamos que hay que adaptar las posiciones sexuales in crescendo para que todo llegue a un fin placentero único. Pueden tener sexo salvaje y dulce y ver qué les funciona desde cada uno.  Y entonces, poco a poco, descubrir su camino hacia el orgasmo.

5. Sexo matutino, vespertino, de madrugada, sexo diario. Aunque este cándido punto número 5 puede aplicar para quienes somos amantes del sexo, que no tenemos  reparo en que pueda haber sexo a las 2 de la madrugada, a la hora de comida o a las 5 de la tarde, creo que a todos nos gustan las sorpresas, y si son sexuales, mejor. Sorprender e innovar puede estar también dentro de este consejo.

¿Qué tal que cualquier fin de semana se encierran en un hotel de la misma ciudad en que se encuentren para tener largas jornadas de sexo? ¿O, en todo caso, en lugar de ir a comer juntos en horas laborales encuentran un recoveco en el auto o un hotel? La imaginación es un punto clave para el buen sexo. Si la fomentas y tienes mucha creatividad nunca te faltará buen sexo salvaje y sorprendente.

6. Haz realidad tus fantasías y las del otro. en alguna ocasión hice un juego de fantasías. Existen algunos juegos parecidos en el mercado, pero éste decidí hacerlo yo con mi pareja de una manera muy sencilla y divertida. Escribimos en diversos papelitos nuestras fantasías y deseos más oscuros, perversos, divertidos, juguetones, imposibles casi de realizar y aquellos que por bobos o ñoños nunca los contamos a nadie. Así, él tenía una caja y yo la mía y cuando queríamos poner un poco más de picante o de juego a la relación, cada cual debía tomar un papel en la caja del otro, no decirle y tener esa semana para prepararlo.

7. Usa el lenguaje: para el sexo salvaje o para el amoroso, tierno y cándido, las palabras, el lenguaje es importantísimo. Decirle a alguien que lo amas mientras haces el amor o le dices palabras "sucias" o hasta cierto punto perversas durante una sesión agotadora de sexo salvaje puede redituar en una escena por demás amorosa o en una digna de una película porno. Estoy segura de que muchos y muchas todavía no se atreven a decir o exclamar lo que sienten o desean decir en el instante mismo del sexo. Si optan por las palabras perversas o "sucias" entonces no se limiten. Si ya están allí, háganlo con todas sus vocales. Sepan que a fin de cuentas se trata de un juego consensuado, donde nadie es más ni menos que el otro, ni nadie se humilla ante el otro sólo por decir lo que desea o hacer realidad una fantasía.

8. No hagas el amor siempre igual. La monotonía puede aniquilar de tajo una relación. Por eso, infórmate, lee, busca nuevas cosas, habla con tu pareja y copia. Sí, si puedes, obtén casos de éxito de tus amigas y amigos en torno a ciertas cosas. Quizá no del acto per se como tal, pero sí de las circunstancias para sorprender a la pareja, de vestuario sexy, de ideas diferentes, de formas distintas de erotizar, de seducir, etc. Ya hay librerías especializadas en sexo donde  encontrarás miles de lecturas para cruzar las fronteras del sexo cotidiano y aburrido.

9. De paseo por la sex shop: vayan juntos, compren vibradores, escojan sus juguetes, tengan un repertorio de cosas para dar rienda suelta a los deseos. Experimenten con nuevas cosas, tal vez dentro de eso haya cosas o prácticas que les gusten como por el ejemplo el bondage, el sadomasoquismo, el fetichismo, etc.

Los juguetes para ellos se han extendido cada vez más, y aunque ellos no estén muy acostumbrados a eso, sea una buena manera de tener otro tipo de estimulación. Además pasa algo curioso: comprar y tener un nuevo juguete hace que uno desee usarlo inmediatamente para ver cómo se hace, qué se siente, cómo es y si nos gusta o no. Por eso, tal vez para cambiar la monotonía sea una buena manera el hecho de ir de compras una o dos veces al mes para, con el pretexto de probar el nuevo juguete, tener sexo diferente cada vez.

10. No sigas ninguna de estas reglas y crea la tuya propia: al final, se dice que la mejor regla es que no haya reglas. Uno decide el camino a tomar, por dónde, por qué y con quien. En las mujeres nos funciona muy bien el instinto, incluso cuando de sexo se trata, en los hombres funciona su lado práctico y claro de las cosas. Ahí hacemos una buena mancuerna y cada relación será tan distinta como seres humanos sobre el planeta. Por eso, ¿cuál sería tu propia regla sexual, la infalible, la que a ti te augura el éxito siempre, para compartirla con todos?

   

Sexo oral para ellas: todo un arte

Todas las mujeres que leen este blog no me dejarán mentir. Pocos hombres saben hacer un  cunnilingus exitoso o lo que en palabras llanas y menos ortodoxas es mejor conocido como sexo oral (para ellas). Ocurre como con el tema del tamaño del pene que ya hemos tratado antes en este blog: a veces por pudor, por no decir, por penita, digamos, nos limitamos a no decir la verdad (¡Qué pequeño está esto! ¿Eso es todo?  ¿A poco ya comenzaste?).

Con el asunto del tamaño podemos obviar muchas veces porque... bueno, tal vez el hombre en cuestión tenga otras habilidades, pero con un sexo oral malhecho, ni cómo hacerle. Sin embargo, aunque la mayoría de las mujeres no digamos nada, estoy segura de que todas hemos recibido un muy mal sexo oral alguna vez en la vida. ¿Por qué será que somos tan poco asertivas cuando de sexo se trata?

En cambio un hombre que sabe cómo y dónde colocar sus labios y lengua en los genitales femeninos, es oro molido para cualquier mujer sobre la tierra. No importa si ese hombre no es un follador grandioso. Si sabe hacer un buen sexo oral, no lo dejaremos. No contaremos a nuestras amigas: todas nos envidiarían o querrían pedalear nuestra bicicleta. Y es que todas lo sabemos. Tener un orgasmo a través del sexo oral es el paraíso. Terminarlo con una buena dosis de sexo salvaje, es el cielo mismo.

Yo me pregunto. ¿Por qué la mayoría de los hombres no se preocupan por aprender a dar un buen sexo oral a ellas? ¿Por qué muchos ni siquiera lo intentan? ¿Por qué muchos no saben cómo o por dónde comenzar? Bueno, tal vez depende de nosotras. Hay que llevarlos por el sendero del bien, es decir, del buen cunnilingus. Si nosotras no decimos que-eso-que-haces-justo-ahí no nos gusta, ellos seguirán pensando que son el "nonplusultra" masculino del sexo oral.

Comencemos con lo primero: el sexo oral para ellas requiere de tiempo, técnica, paciencia y mucha intuición. Sí. Intuición. ¿Los hombres tienen? Bueno, junto con su poco tacto a veces... no lo sé. Alguna vez una amiga se quejaba de que su chico se desesperaba porque pasaban 15 minutos de cunnilingus y ella nomás no llegaba al orgasmo. En aquella ocasión le dije a mi amiga que si él estaba más pendiente del reloj que de ella, entonces no tenía nada qué hacer allí.

Le dije que le regalara un despertador a ver si así despertaba algún día de su pensamiento egoísta porque se dice que el promedio de una dosis de cunnilingus debería durar 20 minutos para que ella alcance el orgasmo. Eso depende de cada una, por supuesto. Yo, por ejemplo, si estoy estresada, el tipo no me gusta tanto o no estoy tan excitada puedo no tener uno ni en una hora. En cambio si estoy a tope y realmente en una situación excitante, puedo tenerlo en dos minutos. Y claro, después tener uno y otro y otro. Depende. Supongo que para el resto de las mujeres será igual.

A mí me ha tocado, me parece, un espécimen de cada clase de hombre que da sexo oral. Aquí los clasifico de acuerdo con su muy peculiar técnica. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia:

  • El hombre babas: se dice del tipo de hombre que hace que te empapes, pero después de haber vaciado en tu vagina dos litros de su saliva. Nada peor que eso. Nada más anti erótico. Si te das cuenta de que, de pronto, la sábana está mojada y no se debe a ella precisamente, entonces detente. Ella no estará para nada erotizada. Sólo hay que colocar la lengua y hacer uso de la saliva como lubricante pero nada más. El exceso en este caso puede resultar contraproducente.

 

  • El hombre ¿ya?: nada peor que te pregunten ¿ya? Como si una les preguntara también, cuando veamos que están a punto de tener un orgasmo ¿Ya? ¿Ya casi? ¿Le sigo así o ya me paro? Bueno, una frase matapasiones en su totalidad. Si preguntas eso puedes estar seguro de que sí, ya. Y mejor a seguir con otra cosa.

 

  • El hombre come-helado. No, la vulva no es un helado. Cada parte debes tratarla con especial cuidado: los labios mayores y menores, el clítoris, la vagina. Incluso, si eres un poco intuitivo no sólo te limitarás a los genitales, sino también y de vez en cuando a la entrepierna para lograr otro tipo de sensaciones. No debes lamer el clítoris, por ejemplo, de la misma manera que los labios.

El clítoris, ya se sabe, es sumamente sensible y puedes lograr una reacción contraria a la esperada y hasta dolorosa, si se haces rápidamente o muy fuerte. Con los labios puedes jugar un poco más y lamer de abajo hacia arriba.

  • El hombre stress: le llamo así al chico que siempre está apresurado, que se ve que está incómodo, que no sabe qué hacer, que no sabe qué sigue y que ya le urge penetrar. Si me toca uno de esos, es casi seguro que no pase siquiera a la siguiente etapa. Un hombre que sabe dar un buen sexo oral puede tener otras cualidades en el sexo. Alguien que está apresurado lo estará también en otras cosas. .

Al final, todo se resume a que el cunnilingus no es una tarea nada fácil, es verdad, y necesitas mucha práctica para ello. Para las mujeres es realmente muy fácil lograr el éxtasis en ellos. En las mujeres se requiere más tacto, más trabajo, más instinto, más creatividad y conocer mejor el cuerpo de la chica. En lo único en que el sexo oral para ambos géneros coincide es que va en aumento siempre, necesita de ritmo y hay que asegurarse de no cometer muchos errores.

Y hay gustos y formas distintas de hacerlo. A mí me encanta terminarlo con una buena dosis de sexo casi brutal. Hay amigas a quienes les gusta al final para terminar con un buen orgasmo y caer dormidas, hay otras a las que les gusta en el medio, para iniciar o también les gusta hacerlo a otras mujeres.

Aquí algunos puntos a tomar en cuenta en el cunnilingus:

Las piernas de ella deben estar bien abiertas. Antes de llegar a la vulva, tómate el tiempo de explorar su entrepierna, el pubis, los muslos. Puedes mirar, oler, explorar. Y luego dar lugar al siguiente paso.

Si tu boca está allí, no dejes a tus manos sin hacer nada. Puedes penetrar vagina o ano, o en todo caso tocar las piernas, su abdomen o pechos (depende de lo largo de tus brazos, por supuesto).

Usa la punta de la lengua para tocar el clítoris y la lengua entera para lamer con delicadeza los labios. Ten cuidado de no tener demasiada saliva y explora cada parte. Acude a tus instintos para saber qué hacer o cómo se mueve ella, para saber entonces qué le gusta y qué no.

Cada mujer es un mundo distinto. Quizá lo que con una te funcionaba con ésta no. Entonces, aprende a reconocer lo que le gusta a cada mujer en particular, lo que la excita y enloquece. ¡Siempre hay tanto por aprender!

Si ella llega al orgasmo, estará en un momento realmente sensible, no sigas tocando mientras eso sucede, sólo aléjate un poco y mira el maravilloso espectáculo.

Usa una presa dental, que es una especie de cuadrado de látex que te permitirá protegerte de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) durante el sexo oral. Permite maniobrar de igual manera y además en las sex shop hay de sabores. También, en el mercado existen dedales para proteger tus dedos y penetrarla con ellos en ano o vagina durante el cunnilingus.

A veces el aroma no gusta a muchos hombres. Por eso, y por riesgo a contraer más ETS, no se recomienda hacer sexo oral durante la menstruación, pero si la mujer es limpia no habrá mayor problema. Si tiene un aroma en particular, entonces pueden tomar una ducha juntos antes y eso convertirá al cunnilingus en algo más erótico.

Hazle el amor verdaderamente con tus labios. Una buena técnica es dejarla a tope y después penetrarla con fuerza. No sé a las demás, pero a mí me encanta.

¿A ustedes, chicas cómo les gusta el sexo oral? ¿Qué otros consejos le darían a ellos? ¿Y hombres, cuáles han sido sus mejores o peores experiencias en el cunnilingus?

 

   

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